23 ene. 2015

Sucedidos

Antaño Don Veridico sembró casas y gentes en torno al boliche El Resorte, para que el boliche no se quedara solo. Este sucedido sucedió, dicen que dicen, en el pueblo por él nacido.

Y dicen que dicen que había allí un tesoro, escondido en la casa de un viejito calandraca.

Una vez por mes, el viejito, que estaba en las últimas, se levantaba de la cama y se iba a cobrar su jubilación. Aprovechando su ausencia, unos ladrones, venidos de Montevideo, le invadieron su casa.

Los ladrones buscaron y rebuscaron el tesoro por cada recoveco. Lo único que encontraron fue un baúl de madera, tapado con cobijas, e un rincón del sótano. El tremendo candado que lo defendia resistió, invicto, el ataque de las ganzúas.

Así que se llevaron el baúl. Y cuando por fin consiguieron abrirlo, ya lejos de alli, descubrieron que el baúl estaba lleno de cartas. Eran las cartas de amor que el viejito había recibido todo a lo largo de su larga vida.

Los ladrones iban a quemar las cartas. se discutió. Finalmente, decidieron devolverlas. Y de una en una. Una por semana.

Desde entonces, al medio día del lunes, el viejito se sentaba en lo alto de la loma. Allí esperaba que apareciera el cartero en el camino. No bien veía asomar el caballo, gordo de alforjas, por entre los arboles, el viejito se echaba a correr.

El cartero que ya sabía le traía su carta en la mano.

Y hasta San Pedro escuchaba los latidos de ese corazón loco de la alegría de recibir palabras de mujer.